Messi es afortunado porque podrá ver a Cristiano recogiendo otro Balón de Oro

Es cierto eso que decía Ayrton Senna de que el segundo es el primero de los perdedores. Hace poco José Mourinho, a quien se atribuyó erróneamente la autoría de la frase, que corresponde sin lugar a dudas al genial piloto brasileño de Fórmula Uno, regaló a un aficionado del Chelsea la medalla de subcampeón tras perder la Community Shield ante el Arsenal de su archienemigo Arsene Wenger. En el deporte de élite nadie se acuerda del subcampeón y mucho menos del tercer clasificado, de modo que, visto todo desde el prisma de un número uno, acabar segundo debe suponer un trauma.

Me pongo en la piel de Messi y no debe resultarle nada fácil al crack argentino comprobar cómo Cristiano le ha comido un terreno que parecía suyo por designación divina. En El hombre que pudo reinar, la película basada en el cuento homónimo de Rudyard Kipling, a Daniel Dravot y a Peachy Carnehan se les viene abajo el tinglado cuando al primero, a quien los lugareños confunden con el sucesor de Alejandro Magno, le araña la cara la joven con la que pretende desposarse. Dravot sangra… cuando los dioses no lo hacen, ¿verdad?

Messi sangra con Cristiano. Y si nos centramos en los títulos individuales, el Balón de Oro es el síntoma principal de esa hemorragia que es incapaz de cortar el argentino. De no ser por CR7, que decidió plantearle batalla, es muy probable que Leo tuviera hoy 8 Balones de Oro. Si Messi sangra es sólo porque hubo un futbolista que se negó a creer que Leo fuera el mejor jugador de todos los tiempos, y luchó.

Está bien que France Football quiera darle un pelín de emoción pero todos sabemos, desde Rosario a Madeira pasando por Barcelona y Madrid, qué jugador es el ganador del premio individual más prestigioso del mundo. Sólo daré una pista: no es Lionel Messi, el hombre que pudo haber reinado… de no existir Cristiano. Editor, catrachosports.com

Greg Moraga: Asociado AIPS No. NCA00692

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