Los adolescentes y el sexo (Especial para familias)

Una amiga mía quedó el otro día con su sobrina para darle una pequeña charla sobre sexualidad. Sin embargo, cuando se quiso dar cuenta, era la joven quien le estaba dando las lecciones de sexo a ella.

Con tan sólo 13 años, la niña ya se había acostado con dos chicos y estaba a punto de hacerlo con un tercero. La adolescente también le enseñó las conversaciones de alto voltaje con sus novios y ligues por WhatsApp. Aquello parecía una línea erótica con un continuo trasiego de fotos desnudas. Tampoco perdía el tiempo durante el horario escolar, ya que, según confesó, estaba harta “de ver penes en el instituto”.

Sin duda, lo que más alarmó a mi amiga fue la aberrante propuesta que había recibido su sobrina por parte de uno de los chavales: le pedía permiso para pegarla y ver si así se ponía cachonda.

La muchacha no lo había probado, pero tampoco estaba escandalizada ni le había saltado la alerta roja ante ese peligroso cóctel de sexo y violencia.

Las cosas han cambiado mucho desde mi época y ahora son ellas las que toman la iniciativa, pero me pegunto si el tema no se nos está yendo de las manos. ¿Es normal que una menor de 13 años tenga una vida sexual como la de Sasha Grey?

Hace un mes, otra conocida me comentó que en los aseos de un instituto habían pillado a un grupo de alumnos practicando un curioso juego: los críos se encerraban en un baño y una chica iba entrando para practicar sexo oral con cada uno de ellos.

Por no hablar del famoso ‘muelle’, la ruleta sexual en la que ellas se desnudan de cintura para abajo y se sientan encima de los chavales para forzar la penetración sin preservativo y luego cambian de pareja.

Quiero creer que son casos aislados y que no están extendidos entre la mayoría, pero esto está pasando aquí, a la vuelta de la esquina. No estoy hablando de barrios marginales sino de jóvenes de clase media perfectamente integrados.

Como madre de un niña adolescente, el tema me preocupa. Y mucho. El otro día salí a comprar un manual de educación sexual y me volví con las manos vacías. Me recorrí la FNAC, el Corte Inglés y alguna tienda más, pero no encontré ninguno. En el colegio sólo estudian los órganos sexuales y la reproducción, pero no escuchan ni una palabra sobre la afectividad o las consecuencias de tener relaciones sin precaución.

La conclusión es que estamos dejando en manos de Internet la educación sexual de nuestros hijos y éstos se están instruyendo en la pornografía. “Los chicos están copiando los modelos pornográficos que ven en Internet. No hay nadie que les esté dando una visión humanista de la sexualidad porque no invertimos en educación en valores”, se lamenta Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres.

Es cierto que en nuestra época la formación sexual también brillaba por su ausencia, pero no teníamos acceso a todo tipo de escenas porno a golpe de clic. Si se asoman una noche a la red social Periscope, se pueden encontrar con bastantes escenas subidas de tono. Con razón aquella madre lanzaba el grito de guerra: “¡Ni Periscope ni hostias… Me tienes quemadísima!” cuando su hija adolescente estaba viendo a un chico masturbándose.

El problema no era la brecha tecnológica entre una generación y otra como se quiso hacer creer, sino que su hija adolescente estaba viendo a un chico masturbándose, un desconocido con el que puede chatear y tal vez quedar en un futuro. Nuestros vástagos están ahora más expuestos que nunca a conocer y a quedar con extraños a través de los directos de Instagram o de Periscope.

Así que, como dice el juez Emilio Calatayud, vigilemos los móviles de nuestros hijos para no llevarnos sorpresas desagradables. No se trata de entrometerse en su intimidad sino de velar por su seguridad. Se enfrentan a demasiados peligros. Y, por supuesto, hagamos todos un esfuerzo por educarles en igualdad y en valores e impedir que caigan en juegos sexuales no deseados(tomado de MARCA-ESPAÑA). Editor, catrachosports.com

Greg Moraga: Asociado AIPS No. NCA00692

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Diseño Web: Javier Bustillo

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