La otra Catedral: el campo donde Escobar retaba a las estrellas

Un asiento vacío en el palco de autoridades del estadio Nacional de Barranquilla contrastaba con el lleno absoluto, la pasión de un país que encontraba en el fútbol un refugio ante el drama. Era el lugar del Luis Carlos Galán, el candidato a la presidencia de la nación asesinado menos de 48 horas antes en Soacha por orden de Pablo Emilio Escobar Gaviria y El Mexicano. 

Antes de salir al que iba a ser su último mitin, Galán tranquilizó a su esposa y a sus hijos, a los que les prometió llevarles a ver el primer partido de clasificación para el Mundial de Italia, el que enfrentaría dos días después a Colombia y Ecuador a orillas del Caribe. No los volvió a ver con vida. Ese asesinato desencadenó la guerra total entre el Estado y Escobar. Los hijos de Galán lloraban a su padre mientras El Patrón encontraba tiempo en su huida para celebrar los dos remates de cabeza de Arnoldo Iguarán con los que la selección de Maturana inició el camino a un Mundial al que llegaría después de un playoff ante Israel. 

El fútbol es un elemento que aparece de continuo en la vida de Pablo Escobar. Siempre sintió fascinación por este deporte. Popeye, uno de los sicarios que anduvo con Escobar en la selva huyendo del cerco policial, cuenta que era incapaz, en plena noche y sabiéndose acorralado, de separarse de la radio con la que seguía los partidos de la Liga de su país y también de las grandes competiciones europeas. 

La persecución de Pablo Escobar fue tan compleja que el Estado colombiano aceptó negociar una entrega pactada en la que el narcotraficante era el que exigía. El 19 de junio de 1991, menos de dos años después del magnicidio de Galán, con miles de muertos en Colombia, entre ellos más de un centenar al hacer explotar el vuelo de Avianca 203 del 27 de noviembre de 1989 entre Bogotá Calí, el Patrón se entregaba. Antes había logrado que el gobierno aceptara la negativa a extraditar colombianos, lo que impedía que fuera enviado a Estados Unidos. 

UN CÉSPED DE PRIMER NIVEL

La cárcel elegida, y construida a su medida, por Escobar fue La Catedral. Hoy, desde la tumba del narco, de su madre y del que fuera su mano derecha, su primo Gustavo Gaviria, se ve la figura en Valle de la Miel de lo que ahora funciona como una residencia de ancianos dirigida por padres benedictinos. En el recinto siguen presentes las porterías y el campo de fútbol que ordenó construir Pablo Escobar, pegado a la caseta que ocupaba el responsable de la cárcel. 

Es un punto más de la vergüenza que supuso para el gobierno de César Gaviria lo que ocurrió en aquella cárcel desde la entrada del narcoterrorista hasta su fuga ocurrida la madrugada del 22 de julio de 1992. El estadio fue un escenario más de una jaula de oro en la que Escobar siguió manejando su imperio y ordenando asesinatos, incluso dentro del recinto penitenciario como los de Fernando Galeano y Gerardo Kiko Moncada, miembros de su Cartel acusados de intentar estafar al Patrón. 

Escobar no escatimó gastos en su cancha. La dotó de un césped perfecto con un drenaje en el que invirtió miles de dólares. Quería un terreno de juego en el que poder repetir los partidos nocturnos que se hicieron célebres en las noches de la hacienda Nápoles, a orillas del Río Claro. Y una iluminación tan potente que en Medellín se podía saber cuando había fútbol en La Catedral. Porque Escobar era un hombre de hábitos nocturnos, de levantarse muy tarde, de dedicar más de una hora cada mañana a su salud dental… Amo clandestino de Colombia, por el verde de La Catedral pasaron sus mejores amigos, socios… y las estrellas que habían puesto al fútbol colombiano en boca de todos en el Mundial de Italia. 

Aquellos jóvenes de largas y ensortijadas melenas que pusieron a Alemania contra las cuerdas con la antológica jugada que Freddy Rincón colocó en la red entre las piernas de Bodo Illgner subieron a La Catedral a jugar con Escobar. 

Quien visite Medellín y haga uno de los tours que recorren la vida del Patrón del Mal podrá ver un vídeo en el que se descubre a parte de la selección colombiana ascendiendo por un camino de tierra hacia la cárcel ante las caras de asombro y admiración de imberbes soldados. Como en todo lo que hacía, en el césped de La Catedral sólo había un amo y señor: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Él formaba los equipos, su voz mandaba más que la del árbitro de turno, daba y quitaba goles y decidía la duración de partidos podían abarcar las horas que hicieran falta… hasta que él ganara. Al Patrón lo que le fascinaba era el gol y entendía el fútbol como algo directo hacia la meta contraria. 

LA MALA MIRADA A LIONEL ÁLVAREZ 

Juan Pablo Escobar, el hijo del capo del Cartel de Medellín, cuenta en su libro Pablo Escobar, mi padre que por el verde de La Catedral vio pasar a Higuita, Asprilla, Aristizabal o Lionel Álvarez. Este último, que jugó en el Valladolid entre 1990 y 1992 y que recientemente ha dejado de dirigir a Cerro Porteño (Paraguay) sintió de cerca el aliento de las amenazas que aterrorizaban a Colombia. Tras varias entradas duras a Escobar se le acercó uno de los hombres de guardia del jefe, Mugre (Luis Carlos Aguilar Gallego, guardaspaldas personal del Patrón y que se cree que vive bajo falsa identidad en Argentina): “Éntrele más suave al patrón. Ese man no dice nada, pero lo está mirando feo”. No hace mucho, en México, Maturana explicaba lo que eran aquellas llamadas: “Yo nunca me metí, porque era cosas de la vida privada de los jugadores. Ustedes viven en México y saben lo que pasa si el Chapo te llama y te dice que quiere que vengas, tienes que ir. O te llevan. Y así era la cosa, o ibas por las buenas o te subían en una maleta”. 

Quien jamás escondió que fue amigo de Escobar, y como tal le visitaba en La Catedral, es Higuita. El icónico portero de aquella Colombia era admirado por el Patrón por su origen humilde y antioqueño. “Hubo un mal entendido, salía de La Catedral y encuentro un canal de televisión que me pregunta si era amigo de Pablo Escobar, le dije sí. Se me vino el mundo encima. En esa época todo el mundo negaba a Escobar y el único que tenía acceso a él era yo. Y qué raro que el resto de la política nada tenía que ver con Escobar. Eso me costó el puesto de la selección. Hoy mañana y siempre diré que nunca voy a negar a mis amigos, sean lo que sean, así sea el político más corrupto”, asegura en público y privado el portero del Escorpión de Wembley. Editor, catrachosports.com


Greg Moraga: Asociado AIPS No. NCA00692


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