La ‘infidelidad’ de Eva González y Saúl Craviotto en MasterChef Celebrity que vale millones

Todavía sigo impactada por el programa de anoche de ‘MasterChef Celebrity’. Impactada para bien, para fenomenal, para espectacular. Que un programa logre que miles de espectadores se queden hasta las 02.00 horas de la madrugada viéndolo sólo tiene una explicación y ésta es que se merece una ola. ¡Bastade estos horarios! ¿Pero qué quieren las cadenas, que los espectadores muramos de insomnio?

Las televisiones o un ser supremo deberían hacerse mirar lo de los horarios. ¿Es que no saben que trabajamos? No se puede emitir hasta horas intempestivas programas con tanta audiencia y que generan tanto interés. Hoy, las ojeras me llegan hasta más allá de la barbilla.

Hecha la queja sólo puede decir que el programa de anoche fue de los mejores de ‘MasterChef’. Y no es para menos si tenemos en cuenta que ayer se cumplían sus 100 programas. Y es que ‘MasterChef’ en todas sus versiones y ediciones se ha ido ganando a pulso un hueco en el corazón de muchos espectadores. Lo avala los datos de audiencia y eso es indiscutible, ni un pero. Y eso que ha tenido muchos, pero la ‘Celebrity’ es otra cosa.

100 programas valen mucho y ‘MasterChef Celebrity’ no podía defraudar. Hubo de todo y para todos. Hubo broncas, hubo risas, hubo reencuentros, hubo humor, hubo cariño y sí, también hubo ‘infidelidades’ que valen millones.

El amor estaba en el aire. La calentura también. Y las ganas de destensar la imagen de malhumorados de los jueces hicieron que se soltaran la melena hasta el mismísimo Jordi Cruz. La culpable, sin lugar a dudas, Anabel Alonso. Fue ella la que empezó suplicando un beso del chef. Y anda que él se hizo el remolón. No, no, no. Acepto y le soltó un morreo de los que hacen época. Eso sí, Anabel quiso más, pero Jordi supo cortar a tiempo. Y menos mal, porque lo siguiente serían los tres rombos. Al cuello se le lanzó. Con Jordi no es para menos.

Y como la envidia es tiña, Pepe también quiso su dosis de amor. Fue Bibiana Fernández la que acudió a los brazos del cocinero. Y Samantha Vallejo Nájera a los de Juan Betancourt. ¡No es lista ni nada! Y sólo quedaba Saúl Craviotto y Eva González. Podían haber dicho que no o podían haber dicho que sí y haberse dado un casto y puro beso, pero no. Si las cosas se quieren hacer bien, se tienen que hacer bien.

Saúl reclamó su trozo de la tarta. Eva también quería el suyo. Así que el espíritu de Clark Gable y Vivien Leigh se apoderó de ellos. Eva se remangó el vestido, se lanzó a los brazos de Saúl y dejaron que la pasión fluyera entre ellos regalando uno de los mejores momentos de la noche. Pedazo de beso, pedazo de escena, pedazo de programa.

“¡Ay, que me pongo nerviosa!”, gritaba la presentadora mientras Saúl, su Rhett, bajaba las escaleras en su búsqueda. Saúl, que de expresivo tiene bien poco, pero que es todo corazón y dulzura parecía un muchachillo nervioso al que le van a dar su primer beso. “Me he llevado el mejor premio de ‘MasterChef'”, dijo tras besar a la modelo. Sí, es espectáculo, es televisión, es todo mentira, pero hay mentiras que de vez cuando alegran la vida y anoche era imposible no esbozar una sonrisa viendo a Eva y Saúl comerse los morros.

Por cosas como ésta ‘MasterChef’ es un programa que vale millones. Y no hablo de euros (que también) sino de que realmente programas como éste son necesarios en nuestra televisión. Porque entretienen, porque alegran, porque emocionan, porque divierten, porque generan debate, polémica, discusión… Porque al final son los que sostienen nuestros televisores, son los que hacen que quieras encender la caja tonta y son los culpables de que hoy muchos espectadores hayan dormido poquitas horas (hay que hacérselo mirar).

100 programas y una media de más de un 20% de share valían ese beso, esa ‘infidelidad’ (a ver qué dice Cayetano -ironía-) y, por supuesto, el regreso de la concursante estrella de esta edición, Silvia Abril. Sí, hubo repesca y sí, se cumplió con el deseo de la mayoría de los espectadores. Silvia volvió y volvió su humor y volvió su alegría y volvió su ímpetu y volvió… simplemente ella. ¿Se podía estar más mona con esa diadema de flores rosa? Es experta en generar buen rollo.

Cierto que sólo ha estado una semana fuera, pero se la ha echado de menos. No podía ser otra nada más que ella la que se volviera a poner el mandil y volviera a sacar todo su arte frente a los fogones. Y eso que la expulsión de Pepón Nieto me dio mucha lástima. Pero Silvia es Silvia y nadie me puede negar que sin ella esta edición hubiera perdido su mayor tesoro.

Y por si alguno piensa que estaba cantando (que lo estaba desde el minuto uno después de su expulsión) y que la petición popular para que regresara no podía ser obviada por el programa, Pepón Nieto se encargó de dejar claro que era ella la que se merecía ser repescada. “Su plato tuvo más sabor y yo venía de dos pruebas con mucha tensión”. Todo corazón y todo humildad, la que le sigue faltando a algunos, y no miro a nadie.

Con los brazos abiertos la recibieron sus compañeros. No es para menos. Y no os quiero decir el programa. De tontos no tienen un pelo y al final aquí hay un objetivo ser el programa más visto y con la mayor audiencia posible, y Silvia es uno de los ingredientes clave de esa receta. Insisto, el casting de este año es excepcional. Que igual a veces resultan cargantes con tanto humor, tanto chiste y tanto cachondeo, tal vez, pero si de algo sabe ‘MasterChef’ es de compensar.

Que el programa está siendo un poco cargante, pues aligeramos un poco. Que el jurado está en modo castigador, pues ya se encarga Pepe de suavizar un poco. Que hay demasiado ‘amor’ pues metemos un poquito de tensión y bronca, y arreglado. Y de eso anoche se encargaron Bibiana y Anabel.

Sí, Anabel está en todos los ‘fregaos’. En los besos, en las broncas, en los chistes, en el contrapeso, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad… como un matrimonio bien avenido. Pero aquí Anabel es el marido y la mujer.

La insistencia de Anabel que, aunque se hace adorar a veces resulta cargante (sus compañeros son los primeros en reconocer que les pone la cabeza como un bombo) y el griterío y espectáculo de Bibiana Fernández fue un choque de trenes que no podía acabar de otra manera más que en pelea. Creo, además, que ha sido de las más gordas de esta

edición. Y eso que Anabel aguantó, respiró, contó hasta 10 e intentó poner un poco de cordura a la locura de Bibiana.

Sí, porque Bibiana está muy loca, pero loca para bien. Es de estas mujeres a las que se la sopla todo lo habido por haber (y bien que hace). Así que le da igual que le digan X que ella hace Y. Le importa un pimiento si sus compañeros se enfadan, aunque tengan razón para ello. Se la trae al pairo todo y todos. Ella va a su rollo, porque ella lo vale y porque ella es así.

Lo que pasa es que hay veces que el aguante tiene un límite y anoche el de Anabel lo sobrepasó Bibiana. En la prueba por equipos Bibiana era la capitana. Como en su anterior capitanía la cagó y la cagó bien y recibió un merecido rapapolvo del jurado, esta vez no iba a pasar ni media. Así que se puso a mandar como si estuviera formando a un regimiento.

El enfrentamiento se produjo al emplatar. Anabel había aplastado unas gambas y a Bibiana no le pareció bien. Se puso a gritar y a abroncar a Anabel que, incomprensiblemente, intentaba razonar con ella. Con Bibiana es imposible. Si ella dice Y es Y, y punto pelota. Esto llevó a que Bibiana le dijera que no paraba de quejarse y que lo que tenía que hacer era trabajar. Por supuesto, a Anabel no le hizo ni puñetera gracia. Sobre todo porque la que no dejaba de quejarse era Bibiana que había cogido a Anabel como la diana de sus inseguridades.

“Quedan sólo 10 minutos para sacar los platos”; “Has aplastado todas las gambas”; “Cada vez que preparo un plato no dejas de quejarte”; “Lo único que has hecho es aplastar las gambas”; “No haces otra cosa nada más que quejarte”. Y así durante un buen rato. Si a eso le sumas la tensión de la prueba, pues la dinamita ya está encendida. Es que ni siquiera el bueno de Saúl podía frenarlas. Y mirad que intento poner algo de paz. Entraron en bucle.

Pero son tan geniales ambas, que la cosa quedó en nada. Cambiaron de tercio del programa, le pusieron otro toque a la salsa, sazonaron y amargaron tanto dulce y al final aquí paz y después gloria. Y mientras tantos los espectadores seguíamos enganchados.

En los tiempos que corren (hablo de la televisión) lo que ha hecho ‘MasterChef’ y especialmente esta edición ‘Celebrity’ es todo un logro. Mientras otros programas históricos se siguen hundiendo ‘MasterChef’ sigue creciendo y creciendo, y enganchado cada martes a más espectadores. Hay que saber muy bien qué se hace y conocer muy bien para quién lo haces. Y eso ‘MasterChef’ lo sabe hacer y muy bien. Se le podrá criticar muchísimas cosas, pero la función esencial de un programa de televisión de este tipo la cumple y con matrícula de honor. Y esa no es otra que ENTRETENER. Editor, catrachosports.com

Greg Moraga: Asociado AIPS No. NCA00692

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Diseño Web: Javier Bustillo

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