Fue un batallador

RodolfoLuis Rodolfo Toruño, en 2010, durante una reunión del “Pomares”.

***** Después de haber cursado el segundo año, Luis Rodolfo decidió saltar a la Academia Militar, para regresar a la vida civil actuando como si siempre estuviera uniformado, con una firme disciplina y orgulloso de ser efectivo en lo que se propusiera hacer.

Minicomentario Me impactó el leer las sentidas líneas de Edgard Tijerino sobre el sensible fallecimiento de mi amigo y hermano, Luis Rodolfo Toruño, quien en vida siempre me distinguió con su amistad y admiración, desde los escenarios donde se jugaba al béisbol hasta el Salón de Billares del Danubio Azul del Indio Máximo Corea, donde nos dábamos cita una porción de mozalbetes amantes a ambas disciplinas deportiva una vez abandonadas nuestra aulas colegiales, Quedé en deuda, con Luis Rodolfo; pregunté en Managua a la colega, Karen López sobre la salud de Luis Rodolfo, y me dijo que “está enfermo, pero conversa perfectamente bien”. Iré a visitarle, le dije, pero esa visita nunca se realizó; una lástima y un enorme remordimiento para mi, pero Luis Rodolfo desde el mas allá sabe que mis sentimientos hacia él están intactos…descansa es paz viejo amigo, te recordaré siempre mientras Dios me de vida!!! (GM).

Por Edgard Tijerino | Deportes

Un trabajador de raza, incansable, capaz de multiplicarse, interesado en mostrar su utilidad, apasionado por cada una de las misiones que le asignaban, trazando siempre metas exigentes pero viables, con un profundo concepto de la amistad hasta extenderla a la hermandad, aficionado a los deportes por vocación, ese fue en cada instante de su agitada vida, el Luis Rodolfo Toruño que conocí en el Instituto Ramírez Goyena cuando ingresé a la secundaria, y quien falleció el 31 de diciembre, después de fajarse bravamente con tres tipos de cáncer, según el informe de su amigo de “mil años”, el doctor Roberto Jiménez.

Después de haber cursado el segundo año, Luis Rodolfo decidió saltar a la Academia Militar, para regresar a la vida civil actuando como si siempre estuviera uniformado, con una firme disciplina y orgulloso de ser efectivo en lo que se propusiera hacer. Solo la implacable enfermedad dobló su espalda y lo replegó a una silla de ruedas, pero no le quitó sus esperanzas alimentadas por esa fe en Dios que lo acompañó hasta su muerte.

Desde 1980, cuando trabajó conmigo en el Instituto de Deportes, lo vi estar entrando y saliendo de terribles dificultades con su salud. Ese año, contra diagnóstico, sobrevivió a una enfermedad que lo acorraló bruscamente y en apariencia definitiva. Una y otra vez, mientras se desempeñaba en diferentes trabajos, fue perseguido por la posibilidad de ser atrapado por un desenlace trágico, y se escapaba, como Jean Valjean al inspector Javert en la novela de Víctor Hugo. “No tengo duda, Dios me quiere”, decía siempre que eso ocurría.

Hasta que finalmente, por cumplir 70 años, después de tanto sufrir y de tanto padecer, con su familia encabezada por su esposa Leyla, con un callo en el corazón, tal lo canta José Hernández en su Martín Fierro, Luis Rodolfo, quien le dio forma y sostuvo en pie de lucha la Liga Esperanza y Reconstrucción, y fue uno de los impulsadores del proyecto deportivo costeño, ingresando a tiempo al Salón de la Fama casero, murió.

Hoy será su vela en la funeraria Monte de los Olivos, y su sepelio mañana en el Cementerio General. Redacción, Edgard Tijerino Mantilla, Nuevo Diario; editor, catrachosports.com

Diseño web: Javier Bustillo


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